Durante los años setenta y principios de los ochenta, Italia fecundó un género con denominación de origen propia: el Giallo. Centrado en asesinos retorcidos y crónicas negras extremas, el género añadía un punto visual obsesivo: rojo intenso, sangre vistosa y crímenes en primer plano. Directores como Lucio Fulci o Mario Bava lo cataron, pero el nombre clave siempre fue Dario Argento.
Michele Soavi, devoto de Argento, debutó tras la cámara con este film, uno de los últimos giallos destacables, aunque ya notablemente influenciado por el slasher americano. ¿De qué va? Un grupo de actores ensaya un musical vanguardista en un teatro. Cuando una modista aparece asesinada, el plantel queda encerrado bajo llave con el asesino entre ellos.
Soavi mantiene la fascinación por lo gótico y recargado. La opresión del teatro y las alegorías fantásticas del búho son herencia directa de la década pasada, acompañadas de una banda sonora afín a Goblin. Es un producto mestizo: la retórica es italiana, pero el look caza con los slashers universitarios tipo Prom Night.
Es un film recomendable que no ahorra en hemoglobina, aunque cojea en lo textual. Algunas interpretaciones rozan el suspenso (el director de la función es la definición de sobreactuación) y la premisa ya se había hecho mejor antes. Aun así, es una gran referencia para cerrar la historia del giallo.
T.O: Deliria / Stage Fright / Aquarius. Nacionalidad: Italia. Año: 1987. Duración: 90 min. Dir: Michele Soavi. Int: David Brandon, Barbara Cupisti, Domenico Fiore.
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