2.5.26

CHRISTINA´S HOUSE ( 2000 )



© METRO-GOLDWYN-MAYER / GAVIN WILDING

Es lícito intentar conducir al espectador hacia una puerta aunque detrás de ella no haya nada ni nadie que le espere. El propio movimiento hacia el despiste, si está bien cocido, ya puede ser un polo de atracción: a veces el caos es bello, pero insisto, hay que saber cocinarlo. Ya desde el propio cartel, el film parece dirigirnos hacia terrenos ya transitados, concretamente el de las casas encantadas o con ciertos traumas incrustados. Y si bien su narrativa podría acercarnos a ese territorio, el producto se dispersa por otras tierras y, para nuestra desgracia, acaba quedando en tierra de nadie.

¿Pero de qué va Christina's House? Christina (Allison Lange) es una adolescente con la madre ingresada en un psiquiátrico. Se muda a una casa cercana al centro con su hermano y su padre. La chica, aparte del trauma por lo de su madre, no está pasando su mejor momento. Su padre (John Savage) es una persona extremadamente protectora y controladora; prácticamente no le permite tener la vida propia de una adolescente. A todo ello hay que añadir que, desde que se ha mudado a la nueva vivienda, no se siente igual: pronto notará extraños ruidos en la casa y empezarán a suceder cosas malas a la gente de su entorno.

¿Y qué vamos a pensar si Mark Victor y Michael Grais están como productores de la película? Pues que, tras haber guionizado Poltergeist, acabarían creando otra obra de espíritus atormentados e inquilinos horrorizados. Pero la casa es solo la excusa para unas subtramas sumergidas que irán apareciendo como muñecas rusas. El film, aparte de adolecer de medios, tiene un mal acabado en su intencionalidad. Comprendiendo de antemano la necesidad intrínseca del cine de género de intentar aportar algo que no haya hecho ya sus homólogos, a veces podemos torcer tanto el volante que la obsesión por sorprender al público acaba siendo un mareo mal ejecutado que nos termine dando vértigo, especialmente por su resolución tan forzada.

Acabamos acampando en un terreno ambiguo y sin la mitad de las estacas para clavar la canadiense en el suelo. Por supuesto, a los pocos minutos descartamos estar ante una casa que busque cazafantasmas o exorcistas. Tampoco tenemos suficientes elementos —a pesar de su evidente ambiente juvenil— para creer que nos hallamos ante un slasher al uso, tan propio y taquillero de la época. Así van pasando los minutos, entre bostezo y mirada al móvil, sin que ocurra nada especialmente gratificante. Hasta que hacia el final la cosa intenta animarse, y lo hace a base de querer sorprendernos con giros de guion que, pese a la buena intención, se acaban a medida que se acaban los personajes: volteretas mal ejecutadas que acaban confundiendo el miedo con el tedio.

En la casa parece que no habitan ectoplasmas, pero por ella deambulan personajes cliché y algún gesto por parte del padre que más bien sobra. La cinta no consigue arrancar ni en su consecución, adoleciendo de un ritmo demasiado bajo. Hay buenas intenciones, pero como decían por ahí: de buenas intenciones no se come. Salvaría esa buena voluntad y un debut decente de la actriz principal; el resto va directo a la caja de las cintas para archivar.

T.O: Christina's House
Nacionalidad: Canadá
Duración: 97 min.
Dir: Gavin Wilding
Int: Allison Lange, John Savage, Brendan Fehr
VALORACIÓN
★★★☆☆☆☆☆☆☆

ESTE ARTÍCULO SE PUBLICA BAJO EL DERECHO DE CITA (ART. 32 LPI). EL MATERIAL GRÁFICO Y AUDIOVISUAL SE UTILIZA CON FINES ESTRICTAMENTE INFORMATIVOS, DE ANÁLISIS Y CRÍTICA CINEMATOGRÁFICA. TODOS LOS DERECHOS PERTENECEN A SUS RESPECTIVOS PROPIETARIOS.

1.5.26

RESIDENT EVIL ( 2002 )

Resident Evil

© Constantin Film / Screen Gems

Maridar videojuegos y cine es una tarea ardua. Básicamente, porque son dos mundos que, aunque comparten lo visual y lo narrativo, no suelen contentar ni a los fans de las salas ni a los de las consolas. En el sector de los juegos electrónicos abundan los gamers que han pasado horas con el joystick en la mano, razón por la que cuesta digerir ciertas licencias. Construir una película que respete la esencia original y, a la vez, proporcione entretenimiento masivo es una ecuación complicada. Dudo que quienes se dejaron las muñecas en la PlayStation 1 con este título soportaran un calco exacto del juego en pantalla: los lenguajes son distintos, y esa es la realidad.

A pesar de ello, Resident Evil no era un mero plataformas como Tomb Raider; poseía una historia y una profundidad que, si bien levantaron ampollas entre los puristas, atrajeron a hordas de fans del cine de acción a las salas. Pero, ¿de qué va Resident Evil? En un laboratorio de la corporación Umbrella roban un vial con un poderoso virus que, al romperse accidentalmente, convierte a los trabajadores en zombis. La Reina Roja, la inteligencia artificial que controla "La Colmena", decide cerrar herméticamente el complejo para impedir que la infección llegue al exterior. Un equipo de rescate encuentra a Alice (Milla Jovovich) inconsciente y amnésica; junto a otros supervivientes en su misma situación, deberá adentrarse en el laboratorio para neutralizar la amenaza.

Para evitar equívocos: este título no es una adaptación fiel del videojuego. Toma elementos de la obra de Capcom como referencia, pero crea un "engendro de laboratorio" diseñado para la efectividad en pantalla. Respetando al enemigo a batir —la todopoderosa farmacéutica Umbrella y su letal Virus-T—, la cinta evoca la claustrofobia de La Colmena y recupera infectados icónicos como los perros Cerberus o el viscoso Licker. Sin embargo, el resto es cosecha propia del cine.

La propia Alice, plato fuerte de la saga, no existe en la versión jugable. Tanto los personajes secundarios como la IA son creaciones exclusivas para el film. Con estos ingredientes, Paul W. S. Anderson se encargó del guion —descartando uno previo de George A. Romero— y de la dirección, mezclando acción con pinceladas de terror. La gran baza del film fue la consagración de Milla Jovovich como heroína del género, lo que la llevaría a protagonizar cinco entregas más. Curiosamente, al principio el peso de las escenas más vistosas recaía en Michelle Rodriguez, pero una reunión de tres horas entre Jovovich y el director equilibró la balanza en favor de la actriz ucraniana. Se dice que de aquel encuentro nació el romance que aún perdura entre realizador y musa.

Si bien la cinta se toma licencias y sacrifica la atmósfera opresiva del juego en favor de una vitalidad más activa, el resultado es notable por su mezcla de tensión, zombis y una protagonista que acelera sus habilidades conforme recupera la memoria. Es inevitable encontrar paralelismos con la sargento Ripley de Aliens.

Más allá de las quejas de los más puristas, muchos la reivindican como una de las mejores versiones libres de un videojuego. Su recaudación cuadriplicó la inversión y, aunque la crítica de la época fue tibia, el tiempo la ha situado como una potente mezcla de géneros. El film no decepciona: su trama conspiratoria, las escenas con infectados y las trampas del complejo mantienen la atención del espectador. Con sus clichés y debilidades, sabe hacerse un hueco gracias a la habilidad de su planteamiento. Un blockbuster clásico de principios de los 2000 que cumple con éxito su misión: entretener.

T.O: Resident Evil
Nacionalidad: Reino Unido / Alemania
Duración: 100 min.
Dir: Paul W.S. Anderson
Int: Milla Jovovich, Michelle Rodriguez, Eric Mabius
VALORACIÓN
★★★★★★½☆☆☆

ESTE ARTÍCULO SE PUBLICA BAJO EL DERECHO DE CITA (ART. 32 LPI). EL MATERIAL GRÁFICO Y AUDIOVISUAL SE UTILIZA CON FINES ESTRICTAMENTE INFORMATIVOS, DE ANÁLISIS Y CRÍTICA CINEMATOGRÁFICA. TODOS LOS DERECHOS PERTENECEN A SUS RESPECTIVOS PROPIETARIOS.

28.4.26

DRÁCULA, LA LEYENDA JAMÁS CONTADA ( 2014 )

Drácula: La historia jamás contada

© UNIVERSAL PICTURES / LEGENDARY

Las posibilidades que ofrecen los vampiros como seres de la noche, poseedores de la inmortalidad y de un magnetismo no humano, son infinitas. Es por eso que, donde hay pasiones e instintos, siempre podemos encontrar a un chupóptero: y el más reconocible es, sin duda, el propio Drácula. La figura del aristócrata rumano, reconvertido en monstruo gracias a la pluma de Bram Stoker, ha tenido numerosas adaptaciones en diferentes épocas del cine. Asimismo, su imagen ha servido de excusa para otros tantos títulos —algunos más contenidos, otros directamente delirantes— que han inundado las estanterías de los videoclubs. Lo hemos visto luchando contra Frankenstein, como un homosexual activo o reconvertido en aristócrata afroamericano. Ahora le tocaba el turno de transformarse en una especie de superhéroe de capa y espada.

¿Pero de qué va Drácula: La historia jamás contada? Vlad Tepes (Luke Evans) es el príncipe de Valaquia. El ejército otomano, tras años de paz, decide llevarse a los niños de la region —incluido el de Vlad— para convertirlos en soldados a sus órdenes, tal como le había ocurrido a él mismo. Ante la evidente inferioridad numérica de su ejército, decide hacer un pacto con una fuerza maligna: beberá su sangre y tendrá poderes asombrosos durante tres días para recuperar después su mortalidad; pero, si prueba la sangre durante ese periodo, se convertirá en vampiro para siempre.

De entrada, ya queda claro que no se trata de una adaptación clásica de la novela gótica, aunque se aprovechen pinceladas históricas del Vlad real en el que se inspira el relato. La leyenda guerrera del personaje sirve de base para encarrilar la película hacia la acción bélica con tintes sobrenaturales. En este caso, el Drácula sobrenatural es solo el medio para ofrecer una versión explosiva de un superhéroe capaz de salvar a su pueblo mediante poderes y el control sobre un ejército de murciélagos.

Si bien defiendo la reinterpretación de personajes clásicos, creo que en este caso era totalmente innecesario; los experimentos, mejor con gaseosa. El pecado original proviene de la propia Universal que, rendida ante el éxito de Marvel, decidió montar el Dark Universe: una sección donde los monstruos clásicos de la casa adquirieran poderes especiales. Mala idea. Por un lado, la paciencia de los fans del terror no es infinita. Por otro, maridar según qué cosas no suele dar resultado.

El film funciona si se combina con sofá y palomitas: hay escenas de acción decentes, ritmo y un protagonista respetable, pero su visionado produce amnesia inmediata. Al querer priorizar esta parte activa, todo ocurre de forma acelerada. Los personajes tienen la profundidad mínima para cumplir su rol. No hace falta decir que nadie intente sacar un aprendizaje histórico, ya que la licencia fantasiosa lo domina todo. A los fans de los vampiros, deciros que su presencia es escasa; se cortaron escenas sangrientas para conseguir una clasificación de edad comercial. En definitiva, un film de acción con regusto a "espada y brujería" que da el pego como entretenimiento de relleno.

T.O: Dracula Untold
Nacionalidad: EE.UU.
Duración: 92 min.
Dir: Gary Shore
Int: Luke Evans, Sarah Gadon, Dominic Cooper
VALORACIÓN
★★★★★☆☆☆☆☆

ESTE ARTÍCULO SE PUBLICA BAJO EL DERECHO DE CITA (ART. 32 LPI). EL MATERIAL GRÁFICO Y AUDIOVISUAL SE UTILIZA CON FINES ESTRICTAMENTE INFORMATIVOS, DE ANÁLISIS Y CRÍTICA CINEMATOGRÁFICA. TODOS LOS DERECHOS PERTENECEN A SUS RESPECTIVOS PROPIETARIOS.

25.4.26

EL MURO NEGRO ( 2025 )


© Netflix / Seven Pictures
Ya sea con mil excusas diferentes o en las más diversas situaciones, el cine de gente atrapada —y, por extensión moderna, las variantes más o menos explícitas de las escape rooms— es un latido constante en las plataformas. Cada cierto tiempo aparece un nuevo título con la premisa de personas encerradas en algún lugar maldito. Ahora, la todopoderosa Netflix vuelve a la carga con este film alemán que evoca referentes conocidos para introducirles pequeñas dosis de cosecha propia.

¿Pero de qué va El muro negro? Tim (Matthias Schweighöfer) y Olivia (Ruby O. Fee) son una pareja de Hamburgo que no atraviesa su mejor momento. Durante la noche se reprochan sus actitudes y Olivia decide cortar por lo sano abandonando la casa. La sorpresa llega por la mañana: al intentar marcharse, descubren que todo el edificio está rodeado por unas estructuras inquebrantables a modo de muro.

Ante esta premisa que nos sorprende de entrada, se desarrolla una historia ya vista anteriormente pero que intenta ganar su espacio dentro del subgénero. Al encontrarse atrapados por estas paredes herméticas, nuestros protagonistas solo tendrán la opción de escapar avanzando a través de las viviendas de los vecinos; derribando paredes internas, techos y suelos que no han sido sellados. Esto nos llevará a conocer a un vecindario igual de noqueado ante la extraña situación. Es aquí donde el film tiene su oportunidad de jugar con el espectador: ofrecer un muestrario de personajes dispares, con personalidades y objetivos distintos que generen tensión o conflictividad.

Recogiendo esa diversidad funcional entre desconocidos que tan bien explotó la saga The Cube, esta producción germana dirige su mirada hacia carreteras ya transitadas, aunque, para mi gusto, se queda bastante a medias. Si bien es original en la concepción del factor opresor, falla en su desarrollo interno y en una ejecución poco planificada. A medida que la pareja avanza por el edificio, se topa con perfiles de vecinos demasiado arquetípicos, incluyendo a los propios protagonistas, quienes, curiosamente, se dedican a actividades laborales clave para resolver el rompecabezas.

Quizás salvaría al personaje de Yuri, mejor ligado a la esencia de la historia, pero que tampoco escapa del cliché. El hecho de que existan personajes tan "encajables" en un guion ya de por sí ajustado, y que todos se muevan en función de las necesidades del clímax final, no ayuda a tomarse la obra en serio. Los diálogos, también convencionales, derivan hacia terrenos intimistas que cortan el ritmo; la cinta quiere abarcar demasiados aspectos para resultar atractiva, pero se deja jirones en cada fotograma. Ese afán por mostrar profundidad acaba diluyendo su definición en todos los géneros que esconde.

La película, pese a tener un potencial creíble y ciertos puntos destacables, no logra el ritmo necesario para que el espectador se sumerja en sus aguas. Queda relegada a un entretenimiento facilón que no termina de colmar nuestras expectativas ni como drama, ni como terror psicológico, ni como simple film de intriga.

T.O: Brick (Brick - Das dunkle Erbe)
Nacionalidad: Alemania
Duración: 115 min.
Dir: Philip Koch
Int: Matthias Schweighöfer, Ruby O. Fee, Frederick Lau
VALORACIÓN
★★★★☆☆☆☆☆☆
ESTE ARTÍCULO SE PUBLICA BAJO EL DERECHO DE CITA (ART. 32 LPI). EL MATERIAL GRÁFICO Y AUDIOVISUAL SE UTILIZA CON FINES ESTRICTAMENTE INFORMATIVOS, DE ANÁLISIS Y CRÍTICA CINEMATOGRÁFICA. TODOS LOS DERECHOS PERTENECEN A SUS RESPECTIVOS PROPIETARIOS.