¿Pero de qué va Drácula: La historia jamás contada? Vlad Tepes (Luke Evans) es el príncipe de Valaquia. El ejército otomano, tras años de paz, decide llevarse a los niños de la region —incluido el de Vlad— para convertirlos en soldados a sus órdenes, tal como le había ocurrido a él mismo. Ante la evidente inferioridad numérica de su ejército, decide hacer un pacto con una fuerza maligna: beberá su sangre y tendrá poderes asombrosos durante tres días para recuperar después su mortalidad; pero, si prueba la sangre durante ese periodo, se convertirá en vampiro para siempre.
De entrada, ya queda claro que no se trata de una adaptación clásica de la novela gótica, aunque se aprovechen pinceladas históricas del Vlad real en el que se inspira el relato. La leyenda guerrera del personaje sirve de base para encarrilar la película hacia la acción bélica con tintes sobrenaturales. En este caso, el Drácula sobrenatural es solo el medio para ofrecer una versión explosiva de un superhéroe capaz de salvar a su pueblo mediante poderes y el control sobre un ejército de murciélagos.
Si bien defiendo la reinterpretación de personajes clásicos, creo que en este caso era totalmente innecesario; los experimentos, mejor con gaseosa. El pecado original proviene de la propia Universal que, rendida ante el éxito de Marvel, decidió montar el Dark Universe: una sección donde los monstruos clásicos de la casa adquirieran poderes especiales. Mala idea. Por un lado, la paciencia de los fans del terror no es infinita. Por otro, maridar según qué cosas no suele dar resultado.
El film funciona si se combina con sofá y palomitas: hay escenas de acción decentes, ritmo y un protagonista respetable, pero su visionado produce amnesia inmediata. Al querer priorizar esta parte activa, todo ocurre de forma acelerada. Los personajes tienen la profundidad mínima para cumplir su rol. No hace falta decir que nadie intente sacar un aprendizaje histórico, ya que la licencia fantasiosa lo domina todo. A los fans de los vampiros, deciros que su presencia es escasa; se cortaron escenas sangrientas para conseguir una clasificación de edad comercial. En definitiva, un film de acción con regusto a "espada y brujería" que da el pego como entretenimiento de relleno.
Nacionalidad: EE.UU.
Duración: 92 min.
Dir: Gary Shore
Int: Luke Evans, Sarah Gadon, Dominic Cooper
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