Normalmente cuando acabo de comentar un film, y antes de publicarlo, suelo insertar una serie de etiquetas que no intentan ser definitorias, pero si orientativas sobre algunos términos clave. En este caso, haré lo mismo, pero creo que ninguna término es lo suficientemente definitorio y me parecería temerario intentar encorsetarla en ninguno de ellos. Ari Aster ya resultó difícilmente clasificable en su anterior Heredity, a prior un film de terror con pasajes sobrenaturales, pero cuando te sumergías en su universo, el tema de las etiquetas ya estaba cada vez mas difuso. En este segundo film, si bien tiene unas constantes fílmicas que van saliendo en su largo metraje de mas de dos horas, continua siendo muchas cosas a la vez, pero sin ser ninguna de ellas de manera específica.
¿ Pero de que va Midsommar ? Dani es una joven que ha perdido de forma trágica a su familia y vive una situación muy complicada, con ataques de ansiedad constantes. Tiene una relación con Christian, la cual se aguanta por una necesidad de dependencia emocional de esta y por un miedo a no lastimarla por parte de él. Ella se entera de que su pareja y sus amigos- todos estudiantes de antropología – han decidido hacer un viaje a las montañas suecas para asistir al curioso solsticio de verano y poder estudiar esta ancestral costumbre. Pelle, uno de los amigos de la pandilla, es del pueblo anfitrión y les hará de guía. Dani no sabe nada de esa situación, y a pesar de lo incómodo de la situación, decide apuntarse al viaje. La llegada a Suecia será impresionante, en un pueblo donde durante esos días no va a ponerse el sol y donde se respira una paz y un ambiente de cordialidad contagioso. Pero aún no han comenzado las fiestas…
¿ Por tanto quedamos que no es un film de terror ? No en su conceptp formal, pero si que reúne las características y funciones vitales del mismo. La cinta consigue crear tensión, consigue hacernos pasear por ambientes bucólicos pero notando en nuestra epidermis un hedor malsano. No esperéis monstruos escondidos en la oscuridad esperando darnos el susto de nuestra vida, ya que todo pasa con luz y taquígrafos, en un maravillosos grandes planos de enormes y verdes valles.
¿ Es un drama ? Sin duda, pero no en los términos en que conocemos el género. La intención no ha sido la de crear un guion trágico donde todo nos enfoque hacia una sensación de tristeza. Todo ese sufrimiento es mucho más interno, a veces totalmente visible a veces mucho más de piel para adentro, pero que se percibe y se adentra en nosotros como espectadores; hasta ser uno de l0s motores que alimentan la sinopsis, pero no la que la determina.
¿ Podemos sospechar de una especie de Holocausto Caníbal donde en lugar de salvajes indígenas nos encontremos a rubias norteñas sedientas de sangre y dispuestas a devorar sus invitados?. Olvidaros de productos gore de turismo rural, pero al mismo tiempo también estar preparados para algún que alejar la mente de productos de horror rural a lo tejano y abrid la mente para entender otras maneras y culturas que, como mínimo, si que podemos asegurar que pueden llegar a perturbar.
¿ Así pues que es Midsommar ? Os la definiría como una obra multidisciplinar donde se juegan a varios palos, aunque todos enfocados en hacernos permanecer en la butaca, con la única ambición de hacernos partícipes de lo que allí va ocurriendo. Se nos pide que que acompañemos a nuestra protagonista en este también viaje interno, del cual será muy difícil no involucrarse. Iremos viendo y cuestionando gracias a los ojos de Dani- maravillosa interpretación la de Florence Pugh- todo lo que esa sociedad a primera vista tan afable nos ofrece, pero a la vez podemos controvertir en la solidez de pilares en los que ahora se sustenta ella.
En algunos aspectos me pareció una obra hipnótica y capaz de perturbar con aspectos muy pocos comunes. Uno de los puntos que quizás mas atacan los detractores de este film es su larga duración, abduciendo que lo que tenía que contarse en ella era perfectamente plausible en menos tiempo. Y no les falta razón en cuanto a que la historia era perfectamente condensable en hora y media...pero el resultado no hubiera sido el mismo. Estamos, como en el argumento del film, dentro de un viaje que, como tal, vamos haciendo a través de planos abiertos y paseos casi en primera persona bajo la luz diurna que brilla durante casi veinticuatro horas al día. Entre estas caminadas iremos viendo cosas escabrosas, primeros planos salidos de la psique de la protagonista y aumentados por substancias milenarias que los aldeanos pasan de generación en generación. Y la belleza continuará... y la locura también.
Otra gente asegura que en el fondo la manera de avanzar la historia era previsible, y no dejaba lugar a la sorpresa. Por supuesto no era la intención de Aster regalarnos un film vibrante que nos sorprendiera a cada plano, pero aunque todo parece escrito en las estrellas para que pase de una determinada manera, se hace difícil de apartar la mirada de como se plasmará aquella situación que sospechamos que ha de pasar, pero que no nos irrita la espera porque el viaje es agradable.
El film es intenso, pero con un ritmo pausado y contenido, ralentizado en algunos puntos, pero os puedo asegurar que no mire ni una sola vez el reloj durante su visionado. En ningún momento me pareció larga; básicamente porqué no hay diálogos de relleno, no hay bromas fáciles, no hay escenas contemplativas para llenar minutos. Simplemente me pareció el metraje adecuado para contarnos esa fábula coral con el ritmo que era necesario asimilarla. Los actores son claros desde un primer momento y no se pierden en la baza de alterar la trama con golpes bruscos. La sensación de cansancio que deja dentro no es por el minutaje, es por esa bomba de relojería que Dani lleva dentro y que a cada nueva experiencia aumenta más la carga que llevamos dentro; es más , la sensación de falta de descanso que conlleva el convivir con la luz solar y con la melatonina desactivada también es una mochila que nos colgamos en la espalda. La dualidad entre las escenas de tensión y los puntos de desahogo, que van desde la presencia directa de la muerte delante de tus ojos hasta la fusión con la naturaleza gracias a los hongos que esta produce, lleva a que sigamos esperando a donde nos llevará el viaje cultural de esta comunidad de divinidades rúnicas.
Música ambiental y dominio del sonido atroz, que consiguen llevarnos una escena de dolor personal a una catarsis colectiva. Fotografía maravillosa, y brillantez absoluta entre la presentación de lo total y el marcaje de lo concreto.
Se perfectamente que muchos ni estaréis de acuerdo con esta crítica, y los que la veáis en un futuro, no todos compartiréis el mismo entusiasmo, ni la sensación interna que me ha regalado la misma. Pero, por lo que a mi respecta, me reafirmo.
T.O: Midsommar.
Nacionalidad: USA.
Duración: 145 min.
Dir: Ari Aster.
Int: Florence Pugh, Jack Reynor, Will Poulter.
Nacionalidad: USA.
Duración: 145 min.
Dir: Ari Aster.
Int: Florence Pugh, Jack Reynor, Will Poulter.
VALORACIÓN
★★★★★★★☆☆☆
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