Empezamos con una buena base y un punto de partida diferente: una mujer encerrada de nuevo con su maltratador. Con pocos personajes, la película arranca de forma interesante con la asimilación de la soledad y los primeros signos extraños. Eric Red dirige y escribe esta historia tras años de silencio desde su modesta Luna maldita.
Red construye un producto de entretenimiento digno con una guapa Famke Janssen como reclamo principal. La actriz se adapta perfectamente a un papel donde lidia en solitario con un maltrato permanente, en escenas que a veces recuerdan más a una película de Bud Spencer por la contundencia de los golpes que a un cuento de fantasmas tradicional. Hay tensión, pero también varios "peros".
El principal pecado son las prisas por inyectar adrenalina, lo que deriva en deficiencias graves. Los efectos digitales del difunto son toscos: un holograma que se materializa como humo pero pega mamporros dignos de Hulk. Además, los giros de actitud del policía secundario son difíciles de justificar y la protagonista asume la presencia del fantasma con una rapidez asombrosa, llegando a realizar conjuros caseros o desbocar su libido sin importarle el peligro de muerte.
Es una idea original que no supo trabajar el ritmo ni cuadrar el guion. Pese a alguna escena cercana al gore y una Janssen entregada, se queda en un entretenimiento digno para acompañar las palomitas, pero que no logra que el engranaje emocional gire con fuerza.
Nacionalidad: USA.
Duración: 105 min.
Dir: Eric Red.
Int: Famke Janssen, Bobby Cannavale, Ed Westwick.
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