4.5.26

LAS HABITACIONES ROJAS ( 2023 )

Las habitaciones rojas

© NEMESIS FILMS / ENTRAKUE

Internet es una ventana al mundo donde podemos aprender, relacionarnos, trabajar o leer blogs de cine. Muchos ya no sabríamos vivir sin el. Pero tan cierta como su utilidad, también lo son los peligros que puede acarrear y las actividades delictivas que en el se esconden. Las habitaciones rojas se basa en la quizás más extrema de todas sus posibilidades: las llamadas Red Rooms. Aunque no se ha demostrado su existencia como tal, la película sigue la leyenda de las llamadas snuff movies. Hablamos de webs alojadas en la dark web donde, mediante una enorme cantidad de criptomonedas, la gente podría ver en directo la tortura y el asesinato de una persona. Este film nos sumerge en ese mundo, pero alejándose totalmente de lo que pudimos ver en Hostel en su vertiente más directa y física. Aquí vamos a meternos dentro de la psique de las personas que estuvieron inmersas o rodeando el fenómeno, a través del juicio a un supuesto asesino en serie que filmaba y comerciaba con este material en los subterráneos de la red oscura.

¿Pero de qué va Las habitaciones rojas? Kelly-Anne (Juliette Gariépy) es una chica que trabaja como modelo, a la vez que se mueve como pez en el agua en los submundos de internet. Desde hace un tiempo vive obsesionada por el llamado caso Chevalier, un juicio con mucho seguimiento mediático donde se juzga a un hombre por la tortura y muerte de tres chicas adolescentes y su posterior comercialización en la dark web. Kelly-Anne asiste cada día a las sesiones del juicio y ha girado toda su existencia alrededor del caso. Este comportamiento perturbador la llevará a compartir amistad con otra seguidora del caos, pero también le acarreará muchos problemas internos y externos.

El film nos pone a salvo de los extremismos que Eli Roth nos quiso mostrar de manera tan directa, pero no por ello nos deja relajados ante el sofá. La cinta se toma su tiempo para cocerse, aunque consigue meternos en la historia desde el primer minuto. Que nadie espere ver imágenes morbosas o cuerpos desmembrados: la cinta no quiere exprimir la vertiente fácil de la historia y prefiere situar al espectador ante los silencios incómodos, la audición de los gritos y el retrato de la compleja moralidad humana: la de la persona juzgada, así como la del supuesto espectador inocente que solo pretende estar al día de la actualidad. La sugestión y lo no visible se mezclan con la interpretación hermética y equilibrada de Gariépy, actriz necesaria para ponernos ante el espejo como sociedad.

Y es que el film no escatima en sus mensajes velados sobre temas que pueden levantar ampollas. Por un lado, la fascinación -totalmente inexplicable desde el punto de vista racional- que algunas mujeres llegan a sentir por los asesinos en serie, la llamada hibristofilia. Por otro, la fascinación que nuestra sociedad tiene por lo morboso o prohibido: así lo demuestra el éxito de los programas de true crime o las series acerca de serial killers. Aquí se va a descender un grado más en los infiernos de Dante y se va a retratar a quienes saltan la frontera y quebrantan todas las líneas rojas, convirtiéndose en cómplices indirectos de asesinatos. Vamos a poder ver con nuestros ojos cómo ciertos comportamientos obsesivos afectan a la propia persona y a su entorno, llegando incluso a una crueldad extrema.

Aquí el asesino no es el protagonista, es solo el objeto obsesivo que rige la vida de esta chica, que ha convertido al presunto asesino y a todo lo que le rodea en el eje a través del que vertebrará su vida y cordura. Aislada en un ambiente minimalista y digital -el cual domina más allá de lo habitual-, dejará su compostura social para sumergirse en los entresijos de un caso que está traumatizando a todo un país, pero que a la vez proporciona horas de morbo para mantener a la audiencia en máximos históricos.

Pascal Plante nos obliga a meternos en una tormenta donde, a pesar de ir sobre un bote salvavidas, nos obligará a navegar por aguas turbias, pero solo visibles dentro de nuestro imaginario, lo cual nos obliga a parapetarnos detrás de nuestros escudos. El enemigo no está enfrente ni es visible, pero sabemos que es real. Y lo peor de todo es que quizás seamos nosotros mismos. La sugestión se manifiesta a través de miradas, percepciones, ruidos… no se esperan jumpscares, pero el monstruo está detrás de la puerta.

La película muestra largos planos secuencia, fríos y asépticos, usa colores saturados en algunas escenas, no tiene ninguna prisa por pisar el acelerador de la historia y crea momentos de hipertensión, ya sea en una partida de póker, esperando un archivo o mirando a la gente que cada día llena la sala de juicios. El film disfruta mostrándose austero y clavando el aguijón en esa ralentización estudiada y aplicada. Seguramente, a algunos la falta de paciencia con la resolución les pueda parecer un exceso de metraje, pero creo que es justo ese regusto por retraernos en el presente fílmico su gran baza.

Finalmente, la película intenta preguntarnos qué queremos ser de mayores como sociedad, y parece que ni todos los libros de autoayuda logran salvarnos del fuego eterno. La mirada morbosa ante el dolor ajeno, la lasciva curiosidad por los detalles más escabrosos y una pérdida de valores morales como sociedad planean en el inconsciente del film. Plante nos deja que juguemos al psicoanálisis e intentemos ver qué es lo que empuja a la protagonista a actuar como lo hace: si el narcisismo, la justicia, la expiación de sus pecados o una simple groupie con traumas infantiles. Esta caótica personalidad, junto a la contención interpretativa de la actriz, hace que el personaje nos devore y nos impulse a entrar en su psique en busca de una respuesta a su actitud frente a lo ocurrido.

Las habitaciones rojas es un film lleno de matices que, en mi caso particular, he necesitado revisitar en algunas ocasiones para volver a preguntarme cosas de piel adentro. Un título muy bien filmado, enormemente interpretado, aunque seguramente no del gusto de todo el mundo. A mí me ganó el corazón.

T.O: Les Chambres rouges
Nacionalidad: Canadá
Duración: 118 min.
Dir: Pascal Plante
Int: Juliette Gariépy, Elyse Bush
VALORACIÓN
★★★★★★★½★★

ESTE ARTÍCULO SE PUBLICA BAJO EL DERECHO DE CITA (ART. 32 LPI). EL MATERIAL GRÁFICO Y AUDIOVISUAL SE UTILIZA CON FINES ESTRICTAMENTE INFORMATIVOS, DE ANÁLISIS Y CRÍTICA CINEMATOGRÁFICA. TODOS LOS DERECHOS PERTENECEN A SUS RESPECTIVOS PROPIETARIOS.

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