¿Pero de qué va The Descent? Un grupo de amigas a las que les encantan los deportes extremos decide, tras un año separadas, reunirse durante un fin de semana en una cabaña de los montes Apalaches para practicar espeleología. Situaciones y acontecimientos pasados las habían mantenido distanciadas. El encuentro, en principio pensado para volver a unir al grupo, se verá en la tesitura de ir limando asperezas del pasado. El primer problema vendrá dado porque la cueva que deciden explorar no es la que figuraba inicialmente en los mapas, y esta acabará jugándoles una mala pasada. Atrapadas dentro, descubrirán que igual no tuvieron la mejor de las ideas al investigar tierra abajo y lo peor de todo es que parece que alguna cosa más ronda por ahí dentro.
Cuando vi esta película me vino a la cabeza Abierto hasta el amanecer, no tanto por la trama, sino porque presenta dos fases bien diferenciadas. En la primera, el espectador comienza a sufrir de sudoraciones y, especialmente, de claustrofobia. La caverna se va encogiendo y la sensación de aire cada vez es más escasa. Un cóctel perfecto de mal rollo personal y físico. A partir de aquí, como ocurriría con el film de Tarantino-Rodríguez, empiezan a aparecer nuevos elementos. Abunda la sensación de que Neil Marshall tiene que proporcionar carnaza y gore sea como sea, con lo que los pulsos más propios del malestar personal y de la sensación de asfixia al moverse en circuitos tan estrechos de la primera parte, cambian hacia un terreno más propio de las "cannibal films".
Este salto brusco de un terror más psicológico a uno más visceral y clásico puede despistar al espectador, pero no por eso se impide el disfrute si se logra congeniar con ambas perspectivas. En un primer visionado a mí personalmente me costó romper esa barrera - quizás por un abuso de los clichés del género - pero finalmente me quedé prendado por su visualidad. Si bien todo lo que aparecerá en pantalla no será nada que no se haya visto anteriormente, para las actrices fue un auténtico suplicio, ya que no tenían ni idea de lo que allí se encontrarían. Algunas de las caras de espanto no son fruto de una interpretación estudiada, teniéndose que interrumpir el rodaje ante la deserción del plató de alguna de ellas. De todas formas su conjunto es realmente notorio, siendo un clásico absoluto de los 2000.
Como curiosidad, los espectaculares interiores de la cueva son todos de cartón piedra, edificados en unos estudios de Londres: se construyeron un total de 21 cuevas de las que se iba cambiando el tramoyado e iluminación. También decir que existen dos finales distintos dependiendo del país, uno con final feliz y otro sin tanta fortuna. No es necesario que cojáis bombonas de oxígeno, solo disfrutad del film. Con sus cositas, pero un muy buen título.
Nacionalidad: Reino Unido.
Duración: 99 min.
Dir: Neil Marshall.
Int: Shauna MacDonald, Natalie Mendoza, Alex Reid, Saskia Mulder.
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