Si hay una cosa que no podemos negar los fans del cine de terror es que muchas veces tenemos el sentido común atrofiado, no se si tantas imágenes perturbadoras nos han dinamitado la poca lucidez que nos quedaba y ya no podemos hacernos una idea real de lo que es la realidad. Esta seria la explicación más lógica para seguir consumiendo todas las partes de tantas sagas de terror que en muchas ocasiones nos no llenó ni la original. Pero es que siempre hay la posibilidad de encontrar esa escena especial, ese guiño estupendo o nos podemos dejar sugestionar por esa portada tan especial. Eso sí, normalmente suele acabar mal, y en este caso, pues no iba a ser menos.
¿Pero de que va Bates Motel? Alex es un niño con un pasado traumático que ha derivado en problemas mentales. En la misma institución psiquiátrica ingresará Norman Bates y entre los dos se creará una fuerte relación de amistad. A la muerte de Bates, Alex heredará el motel. Este estará decidido a tirarlo adelante y reconstruirlo.
Quizás los que hayáis seguido la saga de Psicosis no estéis muy al tanto de este título, pero tampoco es de extrañar. Después de la destacable segunda parte y la salvable tercera, ambas aún protagonizadas por Anthony Perkins, se hizo esta especie de refrito de la leyenda de Norman y su difunta madre, para mezclarlo con una tierna historia de superación personal y de perdedores en busca de una segunda oportunidad. El film no pisó los cines y fue estrenada directamente para la televisión.
Y aunque Richard Rothstein escribiera el guion de la interesante Terror mortal, aquí no acabó de acertar en la historia ni en el rodaje. La verdad es que poca cosa podemos salvar del film, básicamente porqué a parte del motel, todo acaba siendo una excusa para alargar la agonía. Bud Cort —el fantástico niño de la nunca suficientemente reivindicada Harold and Maude— acaba dando el pego como paciente retraído, aunque la parsimonia con la que se desarrolla el personaje la eterniza de manera extrema.
La historia no se aguanta por ningún lado y aunque intenta introducir algún que otro elemento fantástico más próximo a los antiguos episodios de The Twilight Zone, la palabra terror no tendría cabida en esta película. Personajes de vodevil, colección de freaks con un proyecto contra el mundo y una línea argumental que no aporta nada a la original, ni tampoco como producto independiente.
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