El film, inspirado en un relato corto del mismo nombre del escritor William Gibson- conocido por su obra cercana al cyberpunk y a los futuros distópicos -hizo que Ferrara cambiara su concepción estética del rodaje, y no en el hecho de una ambientación futurista – eso queda reflejado en el mismo, pero de forma muy tenue – sino en la composición cromática general. El director americano ya tenía entre sus señas de identidad la plasmación de espacios cargados y asfixiantes, con una predilección de los colores intensos y las atmósferas humeantes y decadentes, cosa que continua en New rose hotel. Aquí se le añadirán planos mucho más distópicos emitidos por cámaras de seguridad y filmaciones furtivas, insertado en un ambiente cosmopolita en medio de una especie de aldea global, que acabará siendo la versión del futuro nihilista que adapta de Gibson.
La película, de ritmo lento, pausado e introspectivo, basa su potencial en el entramado entre los tres personajes protagonistas, y la aparición de otras figuras, casi como relleno, para enmarcarnos en las peculiares relaciones que se establecen entre estos tres protagonistas. Fox (Christopher Walken) es un lobo solitario con problemas físicos que actúa como cerebro y parte racional de la pareja. X (William Dafoe) ha sido el fiel amigo de Fox y ha seguido sus normas guiadas por el conformismo y una sensación de obligada lealtad hacia él. Esta pareja comercial se verá truncada cuando entre en escena la femme fatale por antonomasia bajo el nombre de Sandii (Asia Argento).
Por tanto el film se basará en este extraño ménage à trois entre estos tres personajes con la figura del erudito Hiroshi como telón de fondo de lo que entre ellos ocurrirá. Una versión intimista, en una especie de Gotham city global, de las miserias humanas y los juegos de intereses particulares de las partes implicadas. Hay que destacar la acertada elección de los protagonistas, pero que por desgracia, al menos para mi gusto, no se refleja en el resultado final del film. La obsesión por mostrarnos esa sordidez humana eternizando los planos, e incluso repitiéndolos con pequeños matices y dejando un final intuitivo a elección del espectador no ayudan a la dinámica del mismo. La contención y la impregnación casi onírica a la que somete al rodaje la convierten a ratos en tediosa y nos obligan a sacar el jugo al talento de los actores. Si este ritmo pausado funcionó en El rey de Nueva York, aquí creo que se le ha girado en contra a Ferrara. De todas maneras sigue siendo un Ferrara, con toda la suciedad y olor a rancio que eso supone. Eso siempre se merecerá una oportunidad.
Nacionalidad: USA.
Duración: 95 min.
Dir: Abel Ferrara.
Int: Christopher Walken, Willem Dafoe, Asia Argento.
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