¿Pero de qué va 30 días de oscuridad? En un pequeño pueblo de Alaska, sus habitantes se preparan para los treinta días de noche: un mes entero en el que la oscuridad y las nevadas cubrirán toda la aldea. A pesar de que los vecinos están acostumbrados a este fenómeno, en esta ocasión todo va a ser distinto: un grupo de seres de naturaleza vampírica está eliminando a toda la población. Los supervivientes tendrán que intentar aguantar hasta que vuelva a salir el sol.
Basada en el cómic de Steve Niles y Ben Templesmith, 30 días de oscuridad es una película que vuelca toda su fuerza en una historia de supervivencia frente a una manada de vampiros jerarquizados y voraces que deben asegurarse de que no quede ni un solo testigo en la aldea para que su existencia no sea delatada. A pesar de que este título —no hablo como adaptación, ya que no conozco en profundidad la obra original— no tuvo una excelente acogida por parte de la crítica y del público, creo que tiene algunos puntos que la hacen bastante interesante.
La localización es perfecta, especialmente conociendo las numerosas y extrañas desapariciones que anualmente se producen en zonas como Funny River. El pueblo de Barrow, que en la realidad puede llegar a tener sesenta días de noche completa, es un angosto poblado de casas y calles anchas, ideal para crear un paraje desolado y un campo abierto donde ser cazado por las agudas miradas vampíricas. Debido a las extremas condiciones climatológicas, el pueblo tuvo que ser recreado en Nueva Zelanda, donde se llegaron a utilizar 300 toneladas de nieve artificial. El film no escatima en sangre —se vertieron casi 4000 litros de sangre falsa— ni se priva de escenas cargadas de gore. Como he recalcado, muchos nos sentiremos reconfortados con esa imagen del vampiro alejada de capas, camisas blancas y valses en elegantes salones medievales. La opción de deshumanizar al Nosferatu y mostrar su naturaleza bélica y animal es una alegría inconmensurable para los fans de estos personajes. La ambientación es notable, logra meternos en esa lúgubre noche eterna, y el jefe del clan interpretado por Danny Huston resulta verdaderamente perturbador.
Por otra parte, lo que muchos hemos echado en falta es un dominio más claro del ritmo y los tiempos. Todo ocurre como si de una sola noche se tratara, a pesar de que los subtítulos nos indiquen el paso de los días. El problema es que esto no es visible en el film: ni se nos muestra cómo hacen para sobrevivir tantos días, ni cómo es posible que, en una población tan pequeña, los vampiros no hayan puesto cada casa patas arriba, ni se aprecia una degeneración física en los supervivientes. Parece más una resistencia de una sola noche que una epopeya de un mes, especialmente teniendo en cuenta que el metraje alcanza casi las dos horas.
Tampoco ayuda la poca química entre Josh Hartnett y Melissa George que, a pesar de compartir un pasado en común, en la película parecen dos extraños que apenas se acaban de conocer; el lenguaje corporal no cuadra con la veracidad que se intenta reflejar. Demasiados minutos para una línea cronológica que no coincide con el ritmo de la historia, lo que obliga a estirar la trama con escenas algo tediosas para después intentar recuperar el interés en algún punto concreto. Desconozco los pormenores del cómic original —tan solo he leído que había algo más de riqueza en los personajes—, pero el film deja bastante que desear en su desenlace, convirtiéndolo en una versión más cercana a Crepúsculo que dista mucho del tono general que había adoptado la historia.
Como digo, es un título muy vapuleado, pero personalmente me dejó un buen sabor de boca. Disfruté especialmente de su atmósfera claustrofóbica y de esa especie de "purga" vampírica. Me encanta el idioma que utilizan los vampiros y su expresividad al comunicarse. Y, por cierto, la sangre siempre queda muy bien sobre la nieve.
Nacionalidad: USA.
Duración: 113 min.
Dir: David Slade.
Int: Josh Hartnett, Melissa George, Ben Foster.
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