8.3.26

EL EXPERIMENTO BELKO ( 2016 )

El experimento BelkoHistóricamente, la etiqueta de survival ya es un sinónimo de éxito antes de ver una película. Ya sea de forma individual o colectiva, el hecho de estar mirando y sufriendo para ver cómo uno o varios desdichados intentan salir de una situación extrema, es un cebo más que sabroso para decantarse por un film. Si, además, la premisa es grupal y comienzan a montarse bandos, la cosa ya puede ser tremenda. Y si encima le damos presión a la cafetera y les hacemos entender que hemos venido a jugar sí o sí, mucho mejor. Así, con premisas similares, hemos podido contemplar el éxito de productos como The Descent o series como El juego del calamar, captando la atención de medio mundo. La respuesta es clara: básicamente porque nos pone ante el espejo y nos obliga a preguntarnos qué haríamos nosotros en cada una de esas circunstancias.

¿Pero de qué va El experimento Belko? Lo que parece una jornada laboral rutinaria en una multinacional establecida en Colombia se convierte en una carnicería cuando el edificio es sellado herméticamente. Una voz por los altavoces dicta una orden sencilla y brutal: los empleados tienen un tiempo límite para matarse entre ellos; si no alcanzan la cifra exigida, los chips explosivos implantados en sus cráneos —supuestamente por seguridad— detonarán de forma remota.

Y así empieza la cuenta atrás. Si bien la teoría parece fácil, llevarla a la práctica, hacer creíble la situación y conseguir que el espectador se muerda las uñas es donde realmente se juega el partido. A grandes rasgos, nos encontramos ante una obra que, al menos en sus concepciones generales, fusiona la barbarie visual de Battle Royale y la distopía jerárquica de Das Experiment. Cerca de cien personas que, una vez superada la etapa de la incredulidad, son obligadas a elegir bando y actuar según decidan o puedan. Fácilmente adivinable en su entramado, no por ello deja de tener una vertiginosidad nada despreciable, pegando nuestra mirada fijamente a la pantalla. Lógicamente, nos encontraremos con los tópicos necesarios para hacer que la ruleta funcione, pero esta es movida con la habilidad suficiente para obviar ciertos clichés y estar pendientes de cualquier movimiento, por leve que sea.

Greg McLean —director de las dos entregas de Wolf Creek— quiso dejar su impronta personal en el film, no ahorrando ni sangre ni escenas medianamente escabrosas para satisfacer a la audiencia más ávida; todo de forma artesanal y efectiva. Tampoco escatimó en las dosis de violencia que redefinirían la evolución del juego. La balanza entre la ética y los valores humanos se vuelve una frontera muy difusa donde, tanto el "tiburón" como el "pececito", acaban mostrando su verdadera naturaleza. Obviamente, aquí podemos entender cómo los roles jerárquicos, incluso en una oficina, pueden llegar a definir los papeles a adoptar en la partida.

Intensa, sangrienta y efectista en su conjunto, la película se pierde por momentos debido a la predictibilidad de los personajes, su falta de originalidad y un final cogido con pinzas. Por otros motivos, me recordó mucho a Blanco perfecto (2017), una movie a la que se le ven las costuras por todo el traje pero que, a pesar de ello, tiene su toque elegante.

T.O: The Belko Experiment.
Nacionalidad: USA.
Duración: 88 min.
Dir: Greg McLean.
Int: John Gallagher Jr., Tony Goldwyn, Adria Arjona, Michael Rooker.
VALORACIÓN
★★★★★★☆☆☆☆

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