Lo que encontramos aquí es un inmenso popurrí de géneros. Un drama emocional llevado magistralmente por una caótica Anne Hathaway, rodeada de personajes inadaptados cuyos sentimientos reprimidos despiertan con su regreso. Es también una comedia, a ratos negrísima, que juega con el desastroso estilo de vida de Gloria (atención al humor castizo con la frase que el monstruo escribe en Seúl, digna de un monarca tras un viaje por África).
La cinta funciona como un thriller introspectivo sobre la madurez de una treintañera que debe lidiar con sus fantasmas externos e internos. Y, por supuesto, está el componente fantástico: un Godzilla y un Transformer gigante que van adoptando caracteres distintos según evolucionan las relaciones interpersonales en el plano real.
He disfrutado del film, aunque me cuesta ensalzarlo. Me quedo con la parte interna y la virtud magnética de Gloria para atraer personajes complejos que enriquecen la historia. Lo que más me ha aburrido, curiosamente, es la parte fantástica o cómo se trata esa iconografía asiática como conducto para la redención de los pecados y la toxicidad latente, casi como si fuera un episodio de Stranger Things.
A la historia le falta algo de ritmo, perdiéndose a veces en historias de borrachos de trastienda en lugar de avanzar en las situaciones brillantes que el choque de universos ofrecía. Lo mejor: una Anne Hathaway agridulce y tierna (rodó embarazada, lo que quizás sumó a su interpretación) y un Vigalondo que, en plena era de remakes, se atreve a arriesgar con algo original.
Nacionalidad: Canadá.
Duración: 109 min.
Dir: Nacho Vigalondo.
Int: Anne Hathaway, Jason Sudeikis, Dan Stevens.
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