Estamos ante la opera prima de David Carreras, quien adaptó la novela de Javier Azpeitia asumiendo el riesgo de una propuesta narrativa rocambolesca. La historia mezcla realidad y alucinación, con giros que buscan confundir al espectador en un entorno cerrado, aunque el resultado final se queda a medio camino de sus ambiciones.
La sensación es extraña: a pesar de no ser una producción de bajísimo presupuesto, la narrativa se siente a veces fragmentada, como una serie de microcortes teatrales. La localización, más parecida a una abadía moderna que a un centro mental, y un ritmo que no permite al espectador elucubrar por sí mismo, acaban restando interés al conjunto.
Si bien destaca una excelente fotografía de tonos tenues acorde a la atmósfera, el acabado general desprende un aroma de telefilme. Además, cabe preguntarse si eran necesarias tantas escenas de desnudo íntegro de Cristina Brondo; da la sensación de que se utilizan sus encantos naturales para suplir la falta de ritmo y mantener el gancho con el público de forma un tanto superflua.
Con todo, es un intento loable por ofrecer un producto diferente. Aunque no logra todos sus objetivos, el riesgo adoptado en un debut siempre es digno de mención para un director que buscaba salirse de los esquemas más tradicionales del terror nacional.
Nacionalidad: España
Duración: 93 min.
Dir: David Carreras
Int: Cristina Brondo, Demián Bichir, Marisol Membrillo
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