30.3.26

QUERIDOS CAMARADAS ( 2020 )

Queridos camaradas

© Walt Disney Studios / Andrei Konchalovsky Studios

Quizás alguien podría clasificar este film con la etiqueta fácil de "Basada en hechos reales". No se equivocaría, porque lo aquí contado ocurrió; se silenció y solo con el paso de los años se conocieron los detalles. Pero el problema de este ítem es que puede abarcar desde una fuga de prisión hasta la creación de una red social. Bien llevadas, todas las propuestas pueden ser interesantes, pero algunas sobrepasan la narrativa histórica de lo que pretenden explicar.

Si quisiera hablarse de la masacre de Novocherkassk de 1962, podríamos acudir a un buen documental o a un libro de investigación periodística. Sin embargo, este film va mucho más allá de la labor divulgativa. Por supuesto que nos muestra un hecho para muchos desconocido, pero tiene la virtud de exponer las contradicciones de un sistema creado expresamente para que estos sucesos no pudieran darse. Cómo un régimen podía convertir un pretendido paraíso obrero en un infierno represor del propio proletariado. La película nos obliga a mirar la historia de la Unión Soviética ante el espejo y lidiar con sus fantasmas, a la vez que pone a sus protagonistas contra las cuerdas, obligándoles a cuestionar todo el sistema de valores en el que han sustentado sus vidas.

¿Pero de qué va Queridos camaradas? En la Rusia de Jrushchov, la inflación de los productos básicos se está disparando y los sueldos se congelan -o incluso bajan-. Esto sitúa a los obreros en una situación de extrema precariedad. En Novocherkassk, la fábrica de locomotoras se alza en protesta; pronto se unen trabajadores de otras factorías e instan a una huelga masiva. Las autoridades locales se ven amenazadas y el gobierno central decide tomar medidas drásticas, acabando la cosa en desastre. Lyudmila (Yuliya Vysotskaya) es una funcionaria municipal devota y una estalinista de la vieja guardia. Para ella, los huelguistas no son oprimidos, sino alborotadores y traidores que amenazan el orden socialista. Durante las reuniones del Comité, Lyudmila no duda en pedir "mano dura" contra los manifestantes. Lo que no esperaba era una reacción tan desmesurada que no solo cuestiona su fidelidad al régimen, sino que afecta de primera mano a su propia familia.

Una matanza de obreros alzándose por condiciones dignas en una tierra donde se entiende que esa es la razón de su propia existencia. Andrei Konchalovsky, cual cirujano, aplica el bisturí ante unos dramáticos hechos de los que no solo quiere presentar la cronología; su intención es ponerlos ante una sala de espejos para que devuelvan una imagen grotesca y agrietada de un sistema que se iba derrumbando. Rodada en un austero blanco y negro y formato 4:3, la concepción fílmica nos encarcela aún más en un mundo encorsetado, donde las vidas sencillas pasan del trabajo a casa, y de casa a la lucha por conseguir la ración en los economatos. Su frialdad visual sitúa al cinéfilo ante una realidad incontestable que ya no admite dudas ideológicas, pues ante la evidencia, estas se desmoronan cual castillo de naipes.

Aquí será una funcionaria del régimen -magistralmente interpretada por Vysotskaya- quien, a través de su vivencia vital, ponga al sistema frente a su crueldad. Una mujer del sector duro, ferviente devota de la obra de Stalin que considera los alzamientos poco más que subversión capitalista, acaba probando su propia medicina. Al descubrir cómo se perpetró la represión, es incapaz de encontrar a su hija, que estaba entre la multitud. Ante sus ojos ve cómo se enciende la máquina purgatoria del Estado y cómo este intenta borrar cualquier huella de lo ocurrido. Ante lo irrefutable, su mundo interior se derrumba -y no solo por la desaparición de su hija, sino por la demolición de unas rígidas creencias que sustentaban su moral-. Esta realidad la aboca a un precipicio personal del que no sabe cómo salir.

El film retrata perfectamente ese momento histórico mostrando el día a día de las personas sencillas, cuyas vidas se tiñen de gris en un mundo que se ahoga. Incluso los mandos políticos locales son puestos bajo la lupa del KGB, analizando su "pureza" uno por uno. Si no se logra pasar la prueba del algodón, se aplican las directrices necesarias para inocular las gotas de amnesia colectiva que provoquen el olvido. La pasividad del ritmo, las miradas, los susurros y los pensamientos flotantes conforman un lenguaje no verbal que nos introduce en un clima de paranoia colectiva. Todos intentan desvincularse de la tragedia, creando una calma tensa que logra traspasar la pantalla sin necesidad de gritos ni aspavientos.

La intención del director no es mostrar propaganda anticomunista sin más, sino realizar un análisis clínico de un sistema que, en su afán por proteger la doctrina, termina devorando su ética y a sus propios feligreses. Un film excelente, centrado en la desesperación de la gente de a pie que ve cómo lo soñado no era más que una fábula y que, en los días que corren, sería muy bueno revisitar. Los peligros de los totalitarismos -vengan de la dirección que vengan- son, por desgracia, nuestro pan de cada día.

T.O: Dorogie tovarishchi
Nacionalidad: Rusia
Duración: 121 min.
Dir: Andrei Konchalovsky
Int: Yuliya Vysotskaya, Vladislav Komarov, Andrei Gusev
VALORACIÓN
★★★★★★★½☆☆
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