Ya tenemos a nuestros viajeros perdidos en el país de la samba con la certeza de que todo va a ir a peor. Y así es, no solo por el riesgo físico que corren, sino por el conjunto cinematográfico del producto. John Stockwell, director especializado en acción visual con cuerpos tonificados- Marea letal, En el filo de las olas-, sigue aquí su obsesión por los bikinis y los guiones poco trabajados.
Pasamos casi media película recreándonos en transparencias, playas estupendas y caipiriñas, esperando un argumento que tarda en llegar. Cuando el robo obliga a los protagonistas a seguir desfilando en traje de baño un buen rato más, queda claro el tono: si quieres ver cómo lucen Olivia Wilde o Melissa George en verano- o, por el contrario, te decantas por las tabletas de chocolate de nuestros protagonistas-, esta es tu cinta. Si buscas adrenalina de la buena, la cosa se pone difícil.
Después del desfile de la nueva temporada de ropa de baño, el grupo llega a un poblado donde no existe la ley y la población no es precisamente la más acogedora. Empieza entonces un periplo de situaciones tontas e inverosímiles que degeneran en tópicos gastadísimos del género. Aunque hay alguna escena atractiva- como la del niño vendedor- y las motivaciones finales tienen un toque de "justicia poética", el aroma general nos traslada a una versión casi para todos los públicos de la Hostel de Eli Roth.
Pasable y poco más a añadir. Una película que funciona más como antipromoción turística que como un verdadero referente del horror moderno. Del montón.
Nacionalidad: USA.
Duración: 96 min.
Dir: John Stockwell.
Int: Josh Duhamel, Melissa George, Olivia Wilde.
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