25.3.26

EL IMPERIO DE LAS HORMIGAS ( 1977 )

El imperio de las hormigas

© American International Pictures (AIP)

Pues sí, cualquier bicho puede ser un potencial enemigo si se dan las condiciones zoológicas necesarias para que estemos en clara inferioridad. Las hormigas son animales de gran fuerza física, disciplinadas y feroces guerreras. Si a eso le añadimos residuos tóxicos, una explosión nuclear o una fórmula militar extraviada y se nos ponen grandotas como dinosaurios, ya tenemos el lío armado. Ya en 1954, Gordon Douglas nos mostró en la notable La humanidad en peligro de lo que eran capaces estos invertebrados. Pero no fue hasta 1977 cuando el "killer" de la exploitation, Bert I. Gordon, volvió a enseñarnos cuán peligroso podía ser un grupo de insectos crecidos de tamaño y, lo que es peor, lo arriesgado que resultaba dejarle una cámara de filmación a alguien como él.

¿Pero de qué va El imperio de las hormigas? Una empresaria inmobiliaria invita a un grupo de potenciales clientes a un tour por las zonas pantanosas donde pretende edificar una serie de casas, con la idea de que vean in situ las tierras y cerrar algún contrato de venta. Cerca de la zona, una embarcación pierde unos toneles con vertidos radiactivos que acaban volcados en el agua y llegan hasta la orilla. Allí, las hormigas se ponen moradas a uranio, adoptando un tamaño enorme y potenciando su conectividad como manada.

El bueno de Gordon obtuvo un éxito considerable con su anterior El alimento de los dioses (1976), un film inspirado parcialmente en un relato de H.G. Wells donde un extraño líquido aumentaba el tamaño de todos los animales que lo consumían. Aquella cinta, aunque austera y de truco pillable, tenía un espíritu de serie B y un buen ritmo a base de ataques constantes, algo que en esta ocasión se pierde entre tanto diálogo de relleno. El director debió de pensar: "¿Qué puede fallar?". Si el otro film funcionó, en este meto unas hormigas gigantes del bazar del pueblo y digo que me he vuelto a basar en una historia de Wells para que no decaiga el prestigio ni la vis literaria de la obra. Si bien es cierto que el escritor tiene un cuento con el mismo nombre que la peli, lo único que tienen en común es que salen humanos y hormigas.

Nuestra agente inmobiliaria -una Joan Collins estancada, pero aún con su glamour intacto- es la estrella principal de una serie de estereotipos clásicos que engrosan la función: el guapete, la chica atractiva, la pareja mayor, el chistoso, el salido... todos ellos, carne de cañón perfecta para un body count insectívoro. Y es que hasta que no aparecen nuestras amigas las hormigas, la sensación es la de estar en un viaje organizado contemplando las musarañas y oyendo diálogos vacuos y de relleno. Pero es que cuando llegamos a "la chicha", la cosa no mejora en absoluto.

Las hormigas son tan solo superposiciones de imagen sobre la acción filmada -que no se molestaron en velar lo más mínimo-; es como si los actores tuvieran una pantalla de cine al lado con una resolución gigantesca de los animales mientras intentan poner cara de espanto, temiendo que se les escape la risa. El problema se complica cuando no hay más remedio que entrar en el cuerpo a cuerpo con los bichos. Entonces abren el maletero de la furgoneta, sacan unos peluches gigantes manejados seguramente por el encargado de la claqueta y luchan, cual fiesta de pijamas, con nuestro desgraciado de turno. Movimientos de cámara continuos para ahorrarnos la visión de los muñecos y acoples incrustados a la cámara para imitar el visionado de los animales.

El resultado final es cómico y a la vez soporífero, quedando a años luz de propuestas muy pretéritas, pero extraordinariamente mejor resueltas. Su concepto del terror, con este montaje, lleva a la película a derroteros más cercanos a la comedia que al cine de género.

T.O: Empire of the Ants
Nacionalidad: USA
Duración: 89 min.
Dir: Bert I. Gordon
Int: Joan Collins, Robert Lansing, John David Carson
VALORACIÓN
★★★½☆☆☆☆☆☆
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