¿Pero de qué va La Seducción? En plena Guerra de Secesión americana, una niña encuentra al soldado John McBurney (Colin Farrell) malherido junto a un árbol. El militar pertenece al bando unionista y se halla incapacitado en plena zona confederada. La pequeña avisa a Martha (Nicole Kidman), la directora de un internado para señoritas, quien ante el dilema de entregarlo o curarlo, decide priorizar el acto humanitario. No obstante, la irrupción del varón en la casa hará tambalear los cimientos emocionales de las internas.
Sofia Coppola afirmó haberse basado únicamente en la novela, ignorando la versión de Don Siegel, aunque lo cierto es que, como adaptación, aquel film protagonizado por Eastwood se acercaba mucho más a la obra de Thomas P. Cullinan. El espíritu del libro lo sitúa casi como un ejercicio de terror psicológico sureño, con esclavitud, escenas de seducción prematuras y dosis de violencia explícita. Coppola, en cambio, propone una reinterpretación donde la figura masculina queda desdibujada en favor de un análisis sobre los cambios que su estancia provoca en cada mujer.
A medida que la trama avanza, intuimos los deseos o miedos profundos que la mera existencia del soldado despierta en ellas. Los matices oscilan desde la amable servidumbre hasta el ansia de ser deseada o el anhelo de rememorar experiencias que parecían ya soterradas. El cabo, atento a las señales que ellas emiten, entra en una dinámica que bascula entre la supervivencia y la revalorización de su posición en el hogar. Es un juego peligroso y, como bien se sabe, quien juega con fuego suele terminar quemado.
En este tablero, la directora nos muestra cómo cada dama mueve sus fichas, revelando claroscuros e intenciones inconfesables de forma muy velada. Todo queda condicionado por la situación personal de cada una, actuando en una suerte de carrera invisible en la que ninguna se atreverá a confesar su meta. Será más adelante, cuando la atmósfera se vuelva turbia, cuando se reorganicen las estrategias y caigan definitivamente las caretas.
Estamos ante una obra intimista, con interiores iluminados únicamente por el calor de las velas, que obliga al espectador a asomarse a las complejidades de cada personaje. Para mí, sobresale especialmente la profesora interpretada por Kirsten Dunst (quien, por cierto, se negó a la exigencia de la directora de adelgazar para el papel). Más allá de presiones estéticas, su lenguaje corporal acompaña perfectamente a un personaje melancólico que parece haber tirado la toalla de la vida.
Toda la historia se envuelve en una iluminación tenue y exteriores cubiertos de neblina, como si de un cuento gótico se tratara, preparando el cambio de guion y el vuelco en la balanza de poder. Esta versión, más centrada en los entresijos psicológicos, tiene un punto de fábula edulcorada que respeta los momentos de tensión. Es una revisión defendible; inferior para mi gusto a la de Don Siegel, pero con matices positivos y un excelente trabajo coral.
Nacionalidad: USA
Duración: 91 min.
Dir: Sofia Coppola
Int: Nicole Kidman, Kirsten Dunst, Elle Fanning, Colin Farrell
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