¿Pero de qué va Carrie 2: La ira? Rachel (Emily Bergl) es una adolescente que vive con una familia de acogida debido a que su madre está ingresada en un psiquiátrico. Su carácter la convierte en la "freak" del instituto y casi solo disfruta de la compañía de su amiga Lisa (Mena Suvari). Esta, tras ser víctima de unos juegos sexuales entre adolescentes, se suicida. Rachel queda destrozada y, con su ira, comienzan a producirse extraños fenómenos telequinéticos.
En cierta manera, este título condujo a un cierto despiste, ya que mucha gente no supo ubicarla: no tenían claro si se trataba de un remake o de una secuela. No hay duda de que estamos ante una segunda parte por el contexto del guion y la relación de ciertos personajes, pero es cierto que la dinámica de la original se repite casi paso por paso: la inadaptada tentada por los populares y una broma macabra esperando al final del camino. Los tics que forjaron el sello de la Carrie original siguen siendo aquí el anzuelo para el espectador.
Durante la trama, la presencia de Sue (Amy Irving) —la única superviviente del baile— o ciertos descubrimientos biológicos nos indican claramente que estamos ante un relevo generacional y ante una "nueva" Carrie. Si bien los patrones conductuales son parecidos en cuanto a los poderes de la joven, esta secuela se adapta a la moda vigente del terror adolescente de finales de los noventa, con todos los clichés que ello implica. Si el espíritu de la primera ya fondeaba estos mares, aquí la testosterona juvenil, el bullying, la virginidad y los "machos alfa" enfundados en chaquetas de fútbol americano son elevados a su máxima ilustración.
Y creo que es en estos aspectos donde falla la película. Por un lado, resulta totalmente previsible al repetir la estructura de De Palma, introduciendo matices que no resultan ningún revulsivo para la historia. Todo queda identificado de inmediato si has visto la original. Por otro lado, tampoco acaba de funcionar como producto de terror, ya que gran parte del metraje se sumerge en ese mundo de hormonas y egos, dejando solo unos leves retazos de guion para ligar una mayonesa que se ve mínimamente presentable. No es hasta la última parte donde podemos mojar pan y disfrutar del refrigerio. Cabe destacar el papel de Emily Bergl, que salva el film del precipicio en el que fue su debut ante las cámaras.
En definitiva, un título demasiado de manual, sin la mínima intención de arriesgar, que además se estrenó en un año con una ristra de títulos tan potente que la condenaron al ostracismo y a las estanterías más polvorientas de los videoclubs.
Nacionalidad: USA
Duración: 104 min.
Dir: Katt Shea
Int: Emily Bergl, Jason London, Amy Irving, Mena Suvari
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