¿Pero de qué va Y Dios creó a la mujer? Juliette (Brigitte Bardot) es una joven huérfana en una casa de acogida. Posee una sensualidad explosiva y un carácter natural, espontáneo y alocado. En el pueblo consideran su actitud escandalosa, pero los hombres la desean con ferocidad. Ante el peligro de ser devuelta al orfanato, decide casarse con Michel (Jean-Louis Trintignant), un buen chico de carácter débil y hermano de otro de sus pretendientes. Sin embargo, a pesar del matrimonio, Juliette no es una mujer fácil de atar.
Hablar de este film es, inevitablemente, hablar de Brigitte Bardot, el mito erótico francés por excelencia. A pesar de llevar ya varias películas a sus espaldas, siempre se le habían reservado papeles de poco contenido, potenciando su físico por encima de su capacidad interpretativa. Su presencia constante en las revistas de moda no hacía más que reforzar esa visión minimizada de su potencial. Fue de la mano de su marido, Roger Vadim —director de la cinta—, como saltaría a la fama encarnando a esa joven con hambre de vida.
Si bien el cine está plagado de femme fatales de belleza inconmensurable, Bardot aportó un aura de espontaneidad y una ausencia total de culpabilidad. No estábamos ante la manipulación calculada de una Rita Hayworth o una Barbara Stanwyck, ni ante la explosividad vacua de los papeles de Marilyn Monroe. Aquí estamos ante un animal asilvestrado al que no le importa la opinión ajena ni la moral social. Ella solo quiere absorber la existencia: bailar, beber y relacionarse con quien quiera y como quiera. Eso sí: si debe tomar una decisión a contracorazón para asegurar su libertad, aceptará las normas.
El film tuvo una repercusión inmensa. Numerosas asociaciones religiosas norteamericanas intentaron detener el estreno avisando del peligro de excomunión. En algunas ciudades, la policía confiscó las copias, lo que solo sirvió para aumentar el interés del público. Si para la moral de la época la actitud de Juliette ya traspasaba cualquier línea roja, el hecho de que jugueteara con su cuñado resultaba inadmisible. Pero no había remordimientos; su sexualidad era natural, ajena a los cánones sociales. Juliette caminaba descalza, con la falda abierta, desafiando a los hombres de igual a igual. Bardot anunciaba al mundo la inminente "revolución sexual femenina".
Hay una escena extraordinaria que levantó ampollas en Estados Unidos: aquella en la que baila frenéticamente entre músicos de raza negra, levantándose la falda y mostrando su ropa interior. Muchos interpretaron la escena como una provocación racial y sexual. En el fondo, ella simplemente baila para exprimir la vida, sin juzgar a quien tiene delante, a diferencia de lo que hace el resto de la "sociedad correcta".
La realidad y la ficción se mezclaron irremediablemente en esta producción. Vadim creó para su esposa este personaje libertino, enfrentándola al deseo masculino sin tapujos. Irónicamente, tras una relación tortuosa que empezó cuando ella tenía solo quince años y él veintidós, el matrimonio se rompió durante el rodaje: Bardot se enamoró de Trintignant y abandonó al realizador. Cosas del cine.
Nacionalidad: Francia
Duración: 91 min.
Dir: Roger Vadim
Int: Brigitte Bardot, Curd Jürgens, Jean-Louis Trintignant
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