Cornwell consiguió dar la vuelta a la tortilla y demostrar que, a menudo, quien descubre al asesino es quien empuña el bisturí y no quien porta la pistola. De hecho, series de fama internacional como CSI bebieron directamente de su obra como fuente de ficción. Pero, ¿de qué trata esta primera temporada?
Kay Scarpetta (Nicole Kidman) regresa a Richmond para dirigir el servicio de investigación forense. Este retorno no es solo un reencuentro profesional, sino una reunión familiar de alto riesgo. La relación con su inestable hermana Dorothy (Jamie Lee Curtis) es una fuente constante de conflictos; el rencor que se guardan envenena cualquier posibilidad de acuerdo. Su único nexo de unión es la hija de Dorothy, Lucy (Ariana DeBose), que se ha trabajado prácticamente con su tía Kay. A esta tensión doméstica se suman secretos confesados a medias y una investigación en marcha sobre un posible asesino en serie con reminiscencias del pasado.
Estamos ante una serie que intenta mezclar el caos familiar con el rigor forense, pero ya os aviso —al contrario que en las novelas— que la balanza se decanta totalmente hacia el lado psicológico. El potencial criminalístico del personaje queda abandonado a su suerte. Por tanto, primera advertencia: quien espere un thriller trepidante al estilo Scandi-noir, mejor que no se acerque. Los fans de la saga literaria también deben saber que verán más horas de discusión en la cocina que autopsias explícitas. Aquí se prioriza el entorno y las bajas pasiones por encima del oficio, y es precisamente ahí donde la temporada se encalla.
Al potenciar los conflictos personales sin explicar de entrada sus antecedentes, la serie se ve obligada a desdoblarse narrativamente. Las escenas actuales se mezclan con constantes flashbacks donde vamos descubriendo el origen de las heridas. Para evitar confusiones, se recurre a otros actores para los "yo" del pasado: para mí, la elección de Rosy McEwen como la joven forense es el mayor acierto de la serie. A través de esta arqueología sentimental entendemos las redes que se han tejido entre los personajes y cómo de sangrantes son algunas cicatrices. Richmond no es una opción laboral para la hija predilecta, sino un intento desesperado por cerrar páginas que aún seguían abiertas.
Son ocho episodios, de algo más de cincuenta minutos cada uno, que cumplen pero no emocionan. Nicole Kidman ofrece la frialdad propia del personaje, pero su rol luce poco. Por el contrario, Jamie Lee Curtis aparece pasada de vueltas; interpreta a un personaje anárquico y sin límites que, entre tragos de alcohol y manipulaciones, nos regala escenas brillantes pero también pinceladas de histrionismo innecesario. Buena, pero demasiado dispersa.
Nacionalidad: USA
Plataforma: Prime Video
Int: Nicole Kidman, Jamie Lee Curtis, Ariana DeBose, Rosy McEwen
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