¿Pero de qué va Filth: El sucio? Bruce Robertson (James McAvoy) es un policía escocés machista, hedonista, enganchado a todo lo inimaginable, mentalmente inestable, desagradable, pero a la vez atormentado por fantasmas personales. En la comisaría donde trabaja se está preparando un ascenso a inspector entre varios candidatos. La resolución del asesinato de un joven asiático podría ser el trampolín que lleve a la promoción laboral. Bruce no dudará en hacer todo lo posible para conseguirlo, ya sea por las buenas o por las malas.
Es cierto que, echando un vistazo superficial, podríamos hallar similitudes con el expolicía colchonero, pero en el fondo estas son más bien superficiales. Si bien los dos comparten esa actitud misógina, su abuso de autoridad y les va más la botella que a un adolescente en San Fermín, su carácter es intrínsecamente distinto. Mientras que Torrente es un payaso fascistoide, esperpéntico y que no es capaz de aprender ni las tablas de multiplicar, Robertson es una persona desquiciada en continuo descenso a los infiernos, compartiendo más cosas con el personaje de Harvey Keitel en Bad Lieutenant que con el castizo José Luis. Torrente no es más que una sátira grotesca de ciertos clichés hispanos, mientras que Filth - el mal nombre popular que reciben los policías de Escocia - es una comedia negrísima en forma de thriller, con algunas escenas que rozan lo normativo.
La carrera por un ascenso dentro del cuerpo será el motor de arranque que nos revele la verdadera personalidad de este outsider. Conoce las características y flaquezas de sus contrincantes, y no dudará en explotarlas. Si es necesario, se acostará con sus mujeres, les ventilará sus secretos inconfesables o les apretará donde más duele. Y el caso es que esto no supone ningún sacrificio, ya que viene incorporado de serie. Ni siquiera tendrá piedad con las buenas personas que le brindan su apoyo, básicamente porque el personaje está inmerso en una espiral autodestructiva de difícil parada. Situaciones cómicas, otras esperpénticas y otras casi censurables irán desfilando ante nuestros ojos para acercarnos al fondo del túnel donde se esconde la parte más inaccesible del personaje.
El filme es una adaptación de la obra literaria homónima de Irvine Welsh (autor de Trainspotting), lo que propició que en su estreno arrasara en las salas británicas. Interpretación histriónica, pero afinada, de James McAvoy, en una película con un ritmo atroz y una mala baba palpable. Un largometraje donde podemos empezar riéndonos de sus hiperbólicos gags, pero que se nos puede ir atragantando a medida que vayamos probando la ruina moral por la que se rige el personaje. Y en esta ocasión no hay frases como "...nos hacemos unas pajillas" para aliviarnos la historia.
Película recomendable, aunque quizás no para todos los gustos, con un conjunto coral perfecto, del cual me enamoró la figura de Bladesey (Eddie Marsan), su mejor amigo. Con colegas como Robertson, ¿quién necesita enemigos?
Nacionalidad: Reino Unido
Duración: 97 min.
Dir: Jon S. Baird
Int: James McAvoy, Jamie Bell, Eddie Marsan
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