¿Pero de qué va Ultravioleta? El mundo está dominado por una dictadura médica donde la hemofagia es una epidemia a erradicar. Los enfermos se convierten en una especie de vampiros de vida corta pero con extraordinarios poderes; el gobierno los considera rebeldes y deben ser eliminados. Una de las mejores soldados insurgentes, Violet (Milla Jovovich), se adentra en la fortaleza para robar un arma capaz de aniquilarlos a todos. Ese potente instrumento no es ningún virus ni artefacto explosivo: es un niño modificado genéticamente.
Cuesta creer que el director y guionista de Equilibrium (2002) sea el mismo que perpetró este atentado. Ultravioleta no tiene ni pies ni cabeza -tanto en lo argumental como en lo visual-. En lo narrativo, porque tras ese tenue planteamiento, la mayoría de la cinta se relega a escenas de acción que están a years luz de otras producciones similares. Más que batallas, parecen coreografías desacompasadas donde todo se ralentiza para intentar -con ese slow motion- dar espectacularidad a la escena, pero el resultado es artificial e inverosímil. Muchas tomas tienen un montaje caótico, con un exceso de zooms y cambios de plano que -en contraste con la ralentización de otros- hacen que el espectador se pierda.
Tampoco se salva la parte estética. Los retoques gráficos, los colores saturados y la percepción de estar ante hologramas en lugar de actores lo arruinan todo. Es como si estuvieran cortando el aire: las espadas parecen no pesar. No hay sangre ni cuerpo a cuerpo real; todo queda en una maqueta de prueba o un descarte de la saga Matrix. Las llamadas Gun-kata -esa mezcla de artes marciales y armas de fuego- se hacen eternas.
Jovovich actúa dignamente intentando salvar lo que la tecnología estaba destrozando -realmente es una actriz perfecta para el género-, pero aquí se le imposibilita brillar tanto en la batalla como en la dialéctica. Los mitómanos de la ucraniana nos consolamos ante tanta soberbia femenina y cambios de look a cual más electrizante pero, cuando dejamos aparte nuestro acné juvenil, no hay por donde cogerla. Hay presupuesto y hay actriz, pero esas batallas deberían haberse librado en el laboratorio de efectos de la película -arrestando a todos sus miembros-.
Este film coincidió en el tiempo con otro muy parecido: Aeon Flux (2005), con Charlize Theron. Un pelín superior, pero con demasiadas coincidencias estéticas y déficit de trama. Por allí también tenemos al joven Cameron Bright que -después de ser el "marido" que se bañaba con Nicole Kidman en la polémica Reencarnación (2004)- ahora pasa a ser el juguete preferido de la Jovovich. Creo que es el único ganador de la partida.
Nacionalidad: USA
Duración: 88 min.
Dir: Kurt Wimmer
Int: Milla Jovovich, Cameron Bright, Nick Chinlund
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